La linda cholita de San Benito

Está en el cementerio de San Benito. No tiene nombre ni familiares que lloren su deceso, pero constantemente está rodeada de flores y recibe los regalos más extraños que una muerta pueda recibir. Se trata de la tumba de una cholita del valle alto considerada muy milagrosa, fama que crece y atrae con el tiempo a cientos de creyentes.

“Dicen que se trató de una mujer de pollera y trenzas, joven y muy bonita. Como ésta es zona productora de duraznos jugosos, cuentan que a ella todos la querían cachar (mascar)”, relata Marcelina Aroyo, comunaria de San Benito, a 30 kilómetros de la ciudad de Cochabamba.

La mujer prosigue diciendo que la cholita cuidaba a su abuela enferma y que tenía tantas labores que cumplir, que jamás tuvo tiempo para enamorar.

“Tendría unos 18 años. Un día salió a una fiesta y jamás regresó a su casa. Nadie supo que pasó con ella, hasta que un tiempo después hallaron su cuerpo desnudo en el canal de riego de la zona”. Para eso, la abuela de la joven habría fallecido y hasta hoy no hubo alguien que reclamara sus restos.

Dicen que unos cuantos apiadados le dieron santa sepultura en el cementerio de la localidad, de un modo muy sencillo, por la falta de recursos económicos. A falta de ropa se le cubrió el cuerpo con una manta y la enterraron.

Desde entonces, el espacio ocupado por los restos de la mujer, en el cementerio de la capital del durazno valluno, se ha convertido en “el santuario de la cholita sin nombre”.

Este hecho, según los trabajadores del cementerio, sucedió aproximadamente hace 30 años, tiempo en el que la fama de la cholita ha crecido a lo largo de todo el valle alto, llegando incluso a otras ciudades del país.

Como gran parte de la población inmigrante de Bolivia, ella era de origen cliceño, punateño o tarateño, esta historia, según declaran los pobladores, ha pasado las fronteras nacionales y ha llegado a países como Argentina y España, desde donde la gente llega de vacaciones a su tierra natal y aprovecha algún momento de su tiempo para visitarla, dedicarle una plegarias y efectuar ofrendas.

En la tumba, que luce como un santuario improvisado con las características de las mesas del Día de Todos los Santos, resaltan todo el tiempo distintos tipos de flores, hay velas e incienso. Además, hay prendas de vestir que le dejan sus devotos en señal de agradecimiento.

“Es un alma muy milagrosa. Yo le tengo fe desde que enfermó sin explicación mi hijito menor, al punto que casi se me muere. Entonces, una amiga me comentó de este altar de la ‘cholita sin nombre’ y me recomendó que venga a orar. Milagrosamente mi hijo se salvó y yo le prometí a la ánima de la cholita venir un domingo al mes para rezarle y traerle flores”, dice Celina Antezana, quien se traslada desde la ciudad hasta San Benito para cumplir su promesa.

Otras personas que acuden allí lo hacen para resolver problemas de distinta índole, invocando la ayuda de “la cholita sin nombre”.

Como señal de su amabilidad ante el cumplimiento de muchos milagros, alrededor de la tumba se observan decenas de plaquetas con inscripciones especiales, flores y mucha ropa: desde polleras, matinés, blusas, sombreros, abarcas, y todo lo que hace a un traje típico de una mujer valluna.

“Le traen ropa porque a ella la despojaron de la suya antes de su muerte”, explica Antezana a los pies de su gruta.

Todos los días es la romería, pero los domingos es en especial el día más lleno.

Las muestras de gratitud llegan diariamente, así como los nuevos devotos. “Estamos viniendo primera vez desde Cliza. Hemos comprado un taxi y queremos que le vaya bien a mi marido, para que no tenga accidentes ni nada”, cuenta Rosa García, una mujer con tres hijos que llegó hasta el santuario.

Según la costumbre de este lugar, muchos comerciantes realizan q’uwas y ofrendas para la buena suerte. También los viajeros encomiendan su futuro o agradecen sus éxitos fuera del país.

Lo que nunca falta son flores frescas rodeando el ataúd blanco de la “cholita sin nombre”, que está expuesto en el lugar.

La gente siente que en ese lugar no hubo un paso normal de esta vida a otra y de ahí nace el sentimiento de la animita, un lugar sagrado donde se quedó el alma de la persona. Se prende velas y se deja flores como signo del cariño hacia la persona que falleció y se le pide favores para que interceda por ellos ante Dios. (FAUSTO COLPARI)